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Relato:

La Sentencia
“El Tiempo es a la vez el más invaluable  y el más perecedero de nuestras posesiones”.
J.R. Roanoke

sentenciaAquella mañana del jueves 4 de octubre de 1582 desde su estrecha celda Manius había escuchado los ruidos de rigor, pero esta vez le parecieron más frenéticos y convulsionados. Imaginó que ello se debía a los preparativos en la prisión para  recibir  una  ilustre visita. Sintió mucho alivio cuando supo por su carcelero que  el supremo juez  Kaeso Axius -que había estudiado su caso- se atrevía ir hasta allí a proferir la sentencia en persona.
Como pasaba en aquellas épocas, los jueces no eran elegidos en virtud de su conocimiento y práctica de la ley sino que su nombramiento (a pesar de que en el papel eran escogidos por votación de los mismos tribunos) era parte del juego político y religioso. A todo esto había que agregar el teje maneje de otras relaciones que entraban en la cuenta. Estos cargos siempre eran ocupados por personas de alto linaje y apellidos; por consiguiente individuos emparentados con las cláses burguesas y pudientes. Eran cuotas que el sistema central ayudado por la poderosa iglesia repartían al mejor postor, pagando por favores. El juez Axius era claro ejemplo de ello. Su familia había tenido mucho que ver en la modernización del acueducto en Roma. Era increiblemente rico, influyente y despótico, aunque ignorante en casi toda materia terrenal y celestial. Algúnos críticos  de la corte inclusive afirmaban que ni podía leer y que debido a su aberrante nesciencia era enemigo en secreto del avanzado Papa Gregorio XIII a quien despreciaba y desdeñaba por sus ideas modernas.

Cerca de las once de la mañana Manius fué traido por tres poderosos centinelas  hasta la pequeña sala que a esta hora se encontraba abarrotada con algúnos tribunos,  leguleyos y otras autoridades de la población, ansiosos de conocer el veredicto. Con su consabida arrogancia el juez Axius mandó a callar a la congregación desde el derruido altar de madera y pretendiendo leer de un amarillento papel  y  con solemne entonación solo pronunció un enfático “Condenado a la Horca”. Según ello y siguiendo las estrictas costumbres, Manius tendría que ser ejecutado a no más tardar el día siguiente, (continúa abajo)

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Perdón NombreArte.info

-viernes 5 de octubre- antes del medio día.
Cuando iba a ser devuelto al calabozo oscuro de donde lo habían sacado para escuchar el inapelable veredicto, Manius se dirigió tímidamente al poderoso juez  implorándole por última vez  que le permitiera  decir algo, eso sí, en forma muy respetuosa como lo ameritaba su encumbrada raigambre. El juez, que ya estaba impaciente por la cercanía del almuerzo, fijó con severidad  su mirada en el pobre condenado y de mala gana le permitió hablar, no sin antes y en forma petulante agregar que “Hoy tengo un poco de buen genio, así que os permitiré decir unas pocas palabras pero espero que en ellas expreseis vuestro arrepentimiento por los delitos que has cometido en tu infeliz vida”.
“Su señoría, me acogo a vuestra infinita gracia,  no para que me sea perdonada la vida pues mi delito ante esta cruel ley está probado y no tengo disculpa o razón que entendaís para ello. Si me permitieses y sin alardear de sapiente os quiero replicar que no renunciaré a mis creencias, por eso sé que no moriré en vano y que la humanidad algún día  reconocerá semejante convicción y las afugias a que me he sometido en honor a ella, ante quien hoy rindo  mi insípida existencia. Os ruego humildemente vuestra merced, -éso sí- que confirmeís aquí ante los presentes que me habeís condenado a morir en la horca,  que deberé morir el viernes 5 de octubre del presente año y  que ello lo rubricareís con vuestra digna firma de puño y letra“ -dijo Manius con muchísima calma.
El juez, queriendo mostrar su condescendencia ante los tribunos (se acercaba la fecha de las elecciones para el tribunal supremo y por supuesto deseaba que le eligieran por enésima vez),  viendo en ello una buena oportunidad a para quitarse ésa imágen de tirano y venciendo el asco que le inspiraba semejante piltrafa humana que él mismo acababa de  condenar por ateismo y herejía le replicó con demagogia “Extraña petición me haceís. Parece que tu mente definitivamente se torció y que aún manteneis ésa ceguera espritual que te hizo cometer herejía. No sé de donde habeís sacado la loca idea de la igualdad entre los hombres y toda ésa basura que habeis publicado en los pasquines, pero en fin, esto ya es cosa juzgada. Como escarnio para todos vosotros -agregó, mientras se dirigía a los presentes- y para que quede constancia de la ley justa que se te aplica, confirmo hoy en esta fecha y lugar que  habeis sido condenado a morir en la horca inapelablemente y que la sentencia, con la gracia del todo poderoso os será aplicada con todo el rigor el viernes 5 del presente més, año 1582”. Luego agregó con tono aún más ceremonial  “Por supuesto que para constancia, firmo este edicto de mi puño y letra que son ley por estos lares de la gracia de Dios, Kaeso Axius”
Al ver cómo el juez  campantemente firmaba en el papel su condena -que un escribano tenía preparado con antelación-, el reo solo atinó a sonreir. Algúnos de los asistentes a la sentencia, especialmente la familia de Manius no dejaron de maravillarse por semejante exabrupto. Mañana lúnes comenzaba una nueva vida para todos.

Non fiction: En 1578 el Papa Gregorio XIII nombró al eminente matemático jesuita Cristopher Clavius para que diseñara un nuevo calendario que estuviera más de acuerdo con los hechos astronómicos de la época. El nuevo calendario fué puesto en funcionamiento en 1582.
En él se quitaron diez dias de ése año. Los días entre el 5 y 14 de octubre fueron eliminados.
En ése año después del jueves 4 de octubre, siguió el lúnes 15.

©Ricardo Liévano
Sydney, Australia