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Crucigrama sin terminar

"La ventaja de la mala memoria es que
uno disfruta varias veces las mismas buenas cosas por primera vez”

F. Nietzsch
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crucigramaLuego de regar las pocas plantas que pretendían adornar el insípido apartamento en  donde vivía, Roque se dispuso a terminar el crucigrama que tenía por resolver desde hacía varios días atrás. Despues de sentarse lerdamente en la cómoda poltrona notó con disgusto que los geranios de la  única ventana que tenía la sala estaban marchitos. A todas luces la pobre planta llevaba varios dias sin ser regada y ello lo hizo sentirse terriblemente culpable, pues reconoció que el hecho de vivir allí recluido, implicaba cierta responsabilidad con los seres vivientes que le acompañaban. No entendía cómo se le había pasado por alto esta vez. Se levantó con marcada pereza y se dirigió arrastrando los pasos hacia la ventana. De inmediato se dió cuenta de que la planta ya no tenía salvación; entonces optó por la solución más práctica que se le ocurrió: tomó la liviana maceta y se encaminó directamente hacia la cocina en donde estaba el bote de la basura. Sin pensarlo dos veces arrojó allí el vegetal que a esta altura ya parecía disecado o de plástico. Al darse vuelta para retornar a la sala, tropezó levemente con algo en el piso. Era el platito para la comida de la  vieja gata que le hacía compañía desde hacía un par de años atrás. “Dónde estarás, sinvergüenza, llevo como una semana sin verte” -díjo en voz alta-, queriendo con ello llamar al animal que en este instante dormía la siesta en su mullido cojín, cerca de la entrada; hecho que en realidad el hombre desconocía, así como el nombre del félido.
La primera definición difícil que encontró -del dos horizontal- fué: “Enfermedad que se comienza a manifestar con anomia progresando a  afasia fluente, 9 letras”. (Continúa abajo)

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Eclipse NombreArte.info

No le encontró sentido a nada. Entendió cada una de las palabras pero le fue imposible encadenarlas para que significaran algo. Se quedó pensando por un buen rato. Atrás habían quedado los días en que los crucigramas en realidad eran un ‘juego de palabras’, ¡eran tan fáciles de resolver para él!. Llevaba dos años exactos en esta agonía. No solo por los crucigramas a los que era asiduo. Era tambien su vida completa que se le borraba como un casete viejo que nadie tocaba más. A veces no recordaba ni su nombre, pero siempre encontraba la forma de salir de situaciones tan comprometedoras como ésa;  por eso el cartelito que había pegado en la puerta del refrigerador: ‘Me llamo Roque’. Lo mismo pasaba con  aquel otro pasatiempo que le encantaba desde niño pero que ya había perdido su gracia, porque simplemente no le encontraba sentido. Habían días en que fijaba su mirada sobre el tablero  de ajedrez y en vez de jugar alguna partida imaginaria -como solía hacerlo- se limitaba a tratar de recordar el nombre  de las seis piezas que conformaban el juego, tal era su estado. El mes pasado por ejemplo había celebrado con gran gozo el hecho de haber podido acordarse de cuatro de ellas en menos de cinco minutos; ahí tuvo la prudencia de dibujarlas con su respectivo nombre y carácteres grandes para no olvidarlas en el ajado cuaderno que siempre le acompañaba.
Volvió a leer la primera definición y quedó en blanco; nada llegó a su mente esta vez. Sin embargo reconoció que la misma era muy técnica, y que por algo que había estudiado en sus años juveniles se sabía en capacidad de entenderla. Quiso consultar el Larousse pero no lo encontró a la mano. Algo no estaba bien en su cerebro. Tosió débilmente una vez más. Los síntomas de la neumonía atosigante parecían ganar el desequilibrado duelo. Comprobó entonces ya sin alarma que el diagnóstico del doctor Morales podría tener fundamento según los resultados de los últimos exámenes. Sonrió con sarcasmo, como queriendo con ello espantar de una buena vez la sensación incómoda de sentirse atacado por una enfermedad de la que ahora creía, nunca había escuchado palabra algúna y que tal vez por lo nueva o extranjera no estaba aún en los diccionarios ni en los crucigramas de las revistas. A lo mejor ni existía, por lo menos, no para él.
De improviso algo se iluminó en su mente cuando como por arte de magia pudo razonar que la incómoda palabra del crucigrama estaba relacionada con su estado mental. Repitió con desgano la tos; esta vez tan imperceptible que solo él la pudo escuchar. Decidió entonces sentarse en el suelo, cerca del refrigerador para reposar allí su dolorida espalda contra el frío muro. El alivio fue inmediato y se alegró de haber tomado ésa decisión a tiempo. Fué cuando aparecío Fussia quien vino hasta él lentamente, se le arrinconó y comenzó a lamerle la mano cariñosamente como lo hacía todas las tardes en ése rito de viejos conocidos que suplían así la compañía que el mundo exterior les negaba. Roque miró al animal con cierta desconfianza; pensó que núnca le había visto. De hecho no se acordaba de que tuviera un gato y menos de ése color.
Luego de unos tres minutos, en un último suspiro y antes de sucumbir a su suerte, halló la definición de la cuatro vertical pero ya era tarde: así fue encontrado dos días después en el piso de la cocina del apartamento que habitaba solo con su gata negra; mirando hacia el techo con los ojos cerrados en rígida posición ‘decúbito supino’. El doctor Roque Marino se había marchado de este mundo con cierto pesar pues no había alcanzado a recordar el dos horizontal, pero ya no era necesario. La revista de crucigramas reposaba sobre su frío pecho, flameando como una banderita con muchos cuadros blancos y negros.

Ricardo Liévano C.
Septiembre 2011

“El 21 de septiembre se celebra el día mundial del Alzheimer (9 letras), fecha elegida por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Alzheimer. El propósito de esta conmemoración es dar a conocer la enfermedad y difundir información al respecto, solicitando el apoyo y la solidaridad de la población en general, de instituciones y de organismos oficiales”.